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Grandes Tenidas de Primavera · Madrid · 8 de mayo de 2026
Grandes Tenidas de Primavera · Madrid · 8 de mayo de 2026
Supremo Consejo Masónico de España
El Ateneo de Madrid acoge el retrato de Enrique Tierno Pérez-Relaño,
Hermano Pasado al Oriente Eterno
Hay tardes que se te quedan dentro. El 8 de mayo fue una de ellas.
En el Ateneo de Madrid, con la biblioteca llena de amigos, hermanos y personas que conocieron y quisieron a Enrique Tierno Pérez-Relaño, el tiempo se detuvo un instante para dejar paso a los recuerdos. No había protocolo capaz de contener del todo lo que se respiraba en aquel lugar: la presencia invisible pero palpable de alguien que ya no está, y que sin embargo sigue aquí de mil maneras distintas.
El acto, enmarcado en las Grandes Tenidas de Primavera, tenía un propósito a la vez sencillo e inmenso: entregar al Ateneo el retrato de nuestro Hermano Pasado al Oriente Eterno, para que su rostro forme parte para siempre de la galería de presidentes de la institución. Para que quienes vengan después sepan que aquí estuvo él. Que importó.
Abrió la velada Francisco del Barrio, secretario de Ágora Agrupación para el Diálogo. A continuación, tomaron la palabra varias personalidades que demostraron esa rara habilidad de hablar de una persona sin reducirla a sus cargos ni a sus méritos. Se habló de Enrique. Del hombre. De su manera de estar en el mundo, de su compromiso político, de su camino masónico. Las intervenciones tuvieron la naturalidad de quienes han compartido mesa y conversación, y en esa naturalidad estaba todo el respeto. Cada
uno trajo su trozo de Enrique. Y entre todos lo reconstruyeron entero.
Abrió las intervenciones el Ilustre y Poderoso Hermano Valentín Díaz, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Masónico de España, con la autoridad y el afecto de quien sabe lo que se pierde cuando se va alguien como Enrique. Le siguieron Octavio Carrera, Soberano Gran Comendador de Honor; Antonio Chazarra, exvicepresidente del Ateneo; José María Luzón, de la Real Academia de Bellas Artes; y Brenno Ambrosini, presidente de la Gran Logia Simbólica Española.
Habló también Lucie Geffré, la pintora que firmó el retrato. Contó cómo se afronta un encargo así, la responsabilidad de capturar en un lienzo no solo unos rasgos sino una forma de ser. Sus palabras fueron las de alguien que durante semanas convivió con la imagen de Enrique, que lo estudió, que intentó entenderle para poder pintarle de verdad.
Y entonces habló Karin, su viuda. Hay palabras que no necesitan ser grandiosas para llegar al fondo. Las suyas fueron de esas. Habló desde el lugar más cercano y difícil: desde el de quien compartió la vida con él, desde el de quien sabe exactamente lo que falta.
Al final, el Ilustre y Poderoso Hermano Valentín Díaz hizo entrega del cuadro a Gonzalo Vázquez, vicepresidente del Ateneo de Madrid. Un gesto sencillo — dos personas con un lienzo entre las manos — y sin embargo uno de esos momentos que se graban. Porque en ese cuadro no viaja solo la imagen de Enrique. Viajan también todos los que estuvieron allí aquella tarde, lo que sintieron y lo que no dijeron, pero pensaron.
Ahora su retrato cuelga donde deben colgar los retratos de quienes dieron lo mejor de sí mismos. En un lugar que la gente visita, que los jóvenes recorren, que el tiempo no cierra. La galería de presidentes del Ateneo de Madrid no es solo una colección de marcos y óleos. Es la memoria viva de una ciudad, de una época, de una forma de entender la vida pública y el compromiso con los demás.
Y en ella, desde el 8 de mayo de 2026, también está Enrique. Como debe ser.
